lunes, 26 de enero de 2015

Cultura clásica con Educanon


La semana pasada probé una aplicación que sospechaba que podía tener un gran potencial. Se trata de Educanon. Y no me equivoqué. 


A mis alumnos de cultura clásica les tenía que explicar los tres órdenes arquitectónicos griegos, con sus corrrespondientes columnas. Antes de la explicación les puse un vídeo que había encontrado en Youtube que ilustraba muy bien el tema. El nivel de atención aumentó en ese momento, pero varios alumnos vieron el vídeo sin prestar demasiada atención.

Al día siguiente, volví a poner el vídeo al comienzo de clase. Pero esta vez los alumnos no pudieron verlo "pasivamente", ya que en determinados momentos la proyección se detenía y aparecía una pregunta sobre las columnas dóricas, jónicas o corintias que tenían que responder. Como en este curso no tienen iPad, resolvimos la cuestión haciendo que los chavales respondieran a las preguntas en una hoja de papel. 

Lógicamente, las preguntas no surgieron de la nada. Las había preparado yo previamente, y las había insertado en el vídeo de Youtube mediante la aplicación Educanon. En este caso hice todas las preguntas de tipo test, pero el programa permite más opciones de preguntas. El aprendizaje de los alumnos fue ese día, sin duda alguna, mucho más significativo que el del día anterior.

Os dejo un enlace al vídeo que proyecté con las preguntas. Estoy convencido de que Educanon es una aplicación a explotar.

http://www.educanon.com/public/48215/163796?cn=s

domingo, 25 de enero de 2015

Templanza y sobriedad en el uso de las TIC

La semana pasada impartí a algunos padres de mi colegio una sesión sobre el uso educativo del iPad. Basé mi intervención en dos ideas. En primer lugar, que las nuevas tecnologías han dejado de ser un mundo paralelo y se han convertido en un ambiente más en el que viven nuestros jóvenes. Y en segundo lugar, que para educar a los jóvenes a vivir en ese ambiente, como en todos, hay que conseguir que logren adquirir algunas virtudes. Una de esas virtudes es la templanza.

Una necesidad compulsiva de comprar

El comprar y poseer cuanto apetece se presenta como una manifestación de libertad y de poder, sin caer en la cuenta de que el hombre dominado por el impulso inmoderado de adquirir cosas se esclaviza; y cuando se pone el corazón en ellas comprueba cómo se le escapa la felicidad que esperaba en su disfrute. 

Esta esclavitud tiene varias manifestaciones en el ámbito de las nuevas tecnologías. Por un lado, podemos caer en la tentación de querer tener siempre el último dispositivo que haya salido al mercado, por haber aumentado aunque sea mínimamente las funcionalidades con respecto al anterior modelo. Por otro lado, podemos estar dedicando demasiado tiempo e interés a cuestiones accesorias. La virtud de la templanza nos hará dar la vuelta a esta situación y actuar con señorío sobre los bienes materiales. La templanza nos ayudará a caer en la cuenta de que los bienes son buenos…siempre que no nos convirtamos en esclavos de ellos.

Del anonimato a la insatisfacción

Cuando alguien dice que sí a todos y a todo lo que le rodea o le apetece, cae en el anonimato; de alguna manera se despersonaliza; es como un muñeco movido por la voluntad de otros. Tal vez hayamos conocido a alguna persona que es así, incapaz de decir que no a los impulsos del ambiente o a los deseos de quienes le rodean.

Esa persona acaba dependiendo de las sensaciones que el ambiente despierta en él, y buscando sensaciones fugaces, falsas, que –precisamente por ser pasajeras- nunca satisfacen. El destemplado no puede encontrar la paz, va dando bandazos de una parte a otra, y acaba por empeñarse en una búsqueda sin fin, que se convierte en una auténtica fuga de sí mismo. Es un eterno insatisfecho, que vive como si no pudiera conformarse con su situación, como si fuera necesario buscar siempre una nueva sensación.

El destemplado parece haber perdido el control de sí mismo, volcado como está en buscar sensaciones.

La banalización de la comunicación

El uso destemplado de las nuevas tecnologías puede llevarnos a desvirtuar la bondad de muchas cosas que, a priori, son buenas y positivas.

Los mensajes, por ejemplo, son una herramienta muy útil que nos proporciona la tecnología. No obstante, los mensajes pueden ser empleados de manera abusiva y esto conlleva dos peligros; en primer, la banalización de la comunicación, lo que ocurre muy a menudo en los grupos de whatsapp o en las redes sociales. En segundo lugar, las continuas interrupciones cuando se están haciendo determinadas tareas que requieren cierta concentración, ya sea estudiar, leer, rezar e incluso mantener una conversación personal con otra persona.

De la sobreestimulación al aburrimiento

Incluso desde el punto de vista educativo, hemos de tener cuidado con la cantidad de estímulos que reciben nuestros hijos. Como explica Catherine L´Ecuyer en su libro Educar en el asombro, “cuando presentamos al niño estímulos externos que suplantan su capacidad de asombro, estos anulamos su capacidad de motivarse por sí mismo. 
Al final el niño se apalanca y no es capaz de asombrarse ni de ilusionarse por nada. Tiene el deseo bloqueado. En algunos casos, su adicción a la sobreestimulación le llevará a buscar sensaciones cada vez más fuertes, a las que también se acostumbrará, algo que le llevará a una situación de apatía sostenida, de falta de deseo, de aburrimiento.” 

Una virtud muy positiva

La templanza es la virtud que nos ayuda a controlar los impulsos que sentimos hacia los bienes materiales y a no dejarnos arrastrar por ellos.

Por eso, como cualquier virtud, la templanza es fundamentalmente afirmativa. Capacita a la persona para hacerse dueña de sí misma, pone orden en la sensibilidad y la afectividad, en los gustos y deseos, en las tendencias más íntimas del yo. Decir que no, en muchas ocasiones, conlleva una victoria interna que es fuente de paz. No acalla ni niega los deseos y las pasiones, pero hace al hombre verdaderamente dueño, señor. La paz, esa “tranquilidad en el orden”, sólo se encuentra en un corazón seguro de sí mismo y dispuesto a darse.

Para adquirir la virtud de la templanza la clave es la repetición de actos de desprendimiento. En el ámbito de las nuevas tecnologías hay muchas oportunidades de ejercitarse. Por ejemplo, si queremos acertar en la elección de aparatos electrónicos, la contratación de servicios, o incluso al usar un recurso informático gratuito, resulta lógico que consideremos su atractivo y su utilidad, pero también si aquello corresponde con un estilo templado de vivir. 


¿Esto me llevará a aprovechar más el tiempo, o me procurará distracciones inoportunas? ¿las funcionalidades adicionales justifican una nueva compra, o es posible seguir utilizando el aparato que ya tengo?

La clave para actuar con templanza en el ámbito digital es convencerse de que nuestras aspiraciones más altas están más allá de las satisfacciones rápidas que nos puede proporcionar un click.

miércoles, 14 de enero de 2015

5 cosas que debes saber sobre innovación educativa

Durante los dos últimos fines de semana he escuchado a un par de expertos hablar sobre innovación educativa. Son muchas las ideas que he sacado después de dieciséis horas muy interesantes, pero si tuviera que elegir cinco de ellas, me quedaría con las siguientes:

1. La metodología es contenido de aprendizaje. Por eso es tan importante revisar la forma en la que enseñamos a nuestros alumnos. Para elegir la metodología concreta que vamos a aplicar, es importante programar por competencias.

Programar por competencias nos ayuda a centrarnos más en la parte de aprender que en la de enseñar. Y esto es muy importante para los que nos dedicamos a la educación. Podemos enseñar a hablar a nuestro hámster, pero no servirá de nada si el hámster no aprende ¿No llevamos ya demasiado tiempo dedicando mucho esfuerzo a enseñar a nuestros alumnos sin que éstos estén realmente aprendiendo?

2. El principal obstáculo de la innovación educativa es el miedo. El miedo al cambio, en primer lugar. Pero también el miedo al ruido, el miedo a no controlar la clase, el miedo a la creatividad…y el miedo al trabajo, ya que la innovación pedagógica requiere de mucho trabajo.  

El sistema educativo lleva a los alumnos a aplicar fórmulas y repetir datos memorizados, cuando lo que hay que hacer es desarrollar el ingenio y enseñarles a pensar de formas diferentes dando rienda suelta a su creatividad. Este problema lo fomentamos los profesores al dejarnos llevar por el miedo a nuestra propia creatividad. La solución es enfrentarse al miedo y superarlo. Eliminar los libros de texto y sacar al profesor de su guion establecido es un problema serio para el profesor…las dos primeras semanas. Después, es increíble la cantidad de cosas creativas que un profesor puede programar.

3. Visión compartida del aprendizaje. La innovación de un solo docente no es innovación del centro. Es cierto que el 80% de lo que necesita un centro para innovar ya se encuentra en el propio centro, pero es necesario que emerja y se institucionalice

Para ello es muy interesante trabajar el Perfil de Salida del Alumno, que consiste en fijar qué van a saber, saber hacer y ser los alumnos de un centro una vez hayan completado sus estudios.  Tener esta identidad pedagógica, que conecta el ideario con la metodología que se va a emplear en las aulas, es muy útil para que la innovación educativa sea efectivamente un proyecto común, sostenido por todos los docentes de esa escuela.

4. Saber qué está pasando en nuestras aulas…y en las de otros centros. Para lo primero es interesante el autodiagnóstico de los propios docentes mirándose en el espejo del Perfil de Salida del Alumno. Para conocer la realidad de otros centros, además de los foros educativos y las experiencias que encontremos en Internet, son fundamentales las visitas pedagógicas a otros colegios.  

5. Dosificar las innovaciones, una o dos al año. Tenemos que tener una sensibilidad fina para detectar cuántas innovaciones podemos sobrellevar los docentes en un curso. Implantar el mismo año varias metodologías activas distintas es sinónimo de fracaso estrepitoso. En definitiva, en educación hay que pensar en el ideal pero trabajar en lo posible.

Todas estas ideas se las debo a Federico Malpica y a Óscar Abellón. Sin ellos hubiera sido imposible que redactara esta entrada. Gracias por vuestra dedicación…y entusiasmo. 

martes, 6 de enero de 2015

Gracias, necesitaba esta charla

Durante las vacaciones de Navidad he quedado con varios antiguos alumnos para charlar un rato. Me han contado cómo les iba en sus estudios, familia, amistades…y yo les he dado algunos consejos que pudieran venirles bien. Como solíamos hacer cuando ellos estaban aún en el colegio.

Víctor está haciendo el segundo curso de un módulo de grado superior. Él siempre pensó que podría dedicarse profesionalmente al deporte, ya que durante la adolescencia destacaba en su especialidad. Sin embargo, cuando comenzó esta temporada, en vez de ascender de categoría, le echaron del club donde jugaba. Ha sido un golpe duro para él, y su reacción no ha sido la apropiada; se ha refugiado en pasarlo bien, y se ha dejado llevar por la fiesta y la diversión. Me reconoció que no está contento consigo mismo.

Hablamos bastante sobre templanza, e intenté explicarle que el destemplado no puede estar contento, pues va dando bandazos y acaba por empeñarse en una búsqueda sin fin de sensaciones, que se convierte en una auténtica fuga de sí mismo. Le expuse que ese camino sólo le llevaría a ser un eterno insatisfecho.

También hablamos de cómo recuperar la ilusión. Le aconsejé algún libro para que leyera y le animé a que se pensara empezar un grado universitario al acabar su formación profesional, incluso si lo tenía que compatibilizar con unas prácticas o con un trabajo. Le dije que necesitaba un reto intelectual que le hiciera trascender del ambiente de mediocridad y superficialidad en el que se mueve.

Le hablé duro, la verdad. Suelo hacerlo así. En algunos momentos veía cómo su mirada brillaba con la posibilidad de crecer y aspirar a ideales altos, pero en otros pensaba que quizá le estaba tratando con demasiada exigencia. Así que cuando nos íbamos a ir le dije que perdonara si le había metido demasiada caña. Él sonrió y dijo: “!Qué va! Me hacía falta esta charla. Gracias.”

Esta misma experiencia la he tenido con varios antiguos alumnos. Algunos son más responsables y les está yendo bien en sus estudios universitarios, y otros menos. Pero todos agradecen que les escuches y les des consejos, y en todos ves esas ganas de hacer las cosas bien y en el futuro aportar a la sociedad. Es esperanzador.