viernes, 28 de febrero de 2014

NUEVAS DESTREZAS

Comprender, memorizar, analizar, redactar, calcular, razonar… son competencias que trabajábamos los docentes durante la “era de los libros”. Y todo esto se lograba mediante la transmisión de unos contenidos. Aunque de vez en cuando realizábamos algunas actividades que se salían del “programa”, lo hacíamos con ciertas reservas, porque nos agobiaba la posibilidad de que no nos diera tiempo a explicar todo el tema antes del examen.

Pues bien, en esta nueva etapa educativa, además de los contenidos –que siguen siendo fundamentales- hemos de lograr que los estudiantes desarrollen nuevas destrezas. Seleccionar y asimilar información –que sobreabunda en Internet-, trabajar en equipo, desarrollar un proyecto, hablar en público, aprender por iniciativa individual, sintetizar, tratar imágenes, presentar trabajos, editar vídeos… son algunas de las nuevas habilidades que hemos de inculcar en nuestros jóvenes.


Así pues, a los tradicionales contenidos hemos de sumar las nuevas destrezas. No es sencillo, lo sé. Pero es fundamental. Además, ¿no os parece ilusionante conseguir que los alumnos acaben su formación escolar sabiendo seleccionar la información que han de comprender, comunicar lo que han memorizado, o emplear los datos que han calculado o los textos que han redactado para desarrollar un proyecto profesional que presenten al público con imágenes y vídeos?


Combinar las destrezas tradicionales y las nuevas destrezas enriquece mucho la educación de nuestros jóvenes. Aprovechemos esta oportunidad.

miércoles, 26 de febrero de 2014

CARRERA DE OBSTÁCULOS

Quien haya leído mi primera entrada puede haberse llevado la impresión de que soy un entusiasta teórico de la tecnología Apple en las aulas. Tranquilos. No es así. He tocado el paño.

Dar clase durante el primer año de implantación del proyecto IPAD se ha convertido en una auténtica carrera de obstáculos. Para empezar, durante la “era de la celulosa” te acercabas a una clase y te encontrabas a los alumnos fuera, correteando por el pasillo, jugando con una pelota, dándose collejas, comentando lo que había hecho Fulanito en clase de la hora anterior…ahora llegas y no hay nadie en el pasillo. La primera vez  que te ocurre puedes pensar que ese grupo se ha ido hoy a alguna visita cultural, pero cuando abres la puerta de la clase te lo encuentras a todos dentro, absortos con el IPAD!

Después viene la fase de explicación de la materia. No todos podrán usar el libro, pues habrá quien no tenga wifi, quien se haya borrado su cuenta de la plataforma de libros y quien  se haya desinstalado los perfiles. Puedes optar por proyectar el libro desde tu tableta, pero entonces serás tú quien no tengas wifi, o sufrirás algún problema de conexión con el Airplay. Finalmente, al intentar poner el magnífico vídeo que has preparado en Educreations o en Explain Everything, el cable HDMI estará en la clase de al lado (pues el suyo se había roto) y la salida de audio estará desconfigurada.

Todavía quedan los problemas de manejo del IPAD por parte de los alumnos. Porque se puede entender que los profesores -que somos como dinosaurios funcionando en la era tecnológica- tengamos problemas, pero cuando ves que los famosos “nativos digitales” no son capaces de mandarte ni siquiera un correo electrónico con un archivo adjunto te replanteas…muchas cosas.


Has conseguido acabar la clase. Por arriba, por abajo, y a veces llevándotelos por delante, pero has conseguido superar todos los obstáculos. Cinco minutos para coger aire. Te espera una nueva pista americana. Valor…¡y al toro!

sábado, 15 de febrero de 2014

UN PROYECTO APASIONANTE

Me dedico a la educación desde hace nueve años. Después de casi cuatro años ejerciendo de abogado en una firma de asesoramiento de empresas, me picó el gusanillo de la enseñanza. Probé durante un curso…y aquí sigo.

Educar es una tarea apasionante. Todos los que nos dedicamos a la educación sabemos que consiste en algo mucho más importante que la mera transmisión de conocimientos. Ese plus no es algo objetivo, ni único; está formado por muchas cosas y los docentes creo que nunca terminaremos de ponernos de acuerdo sobre el nivel de importancia de cada uno de esos elementos. Unos pondrán el acento en la socialización, otros en la adquisición de destrezas, habrá quien prime los criterios éticos y otros que den la máxima importancia a la preparación para el mundo laboral. Personalmente, me inclino a pensar que, en última instancia, educar es enseñar a querer. 

Lo que es indudable es que la educación ha de adaptarse a la sociedad en la que cada generación deberá vivir. De alguna manera, los docentes hemos de ser unos adivinos que sepamos leer cómo será la sociedad de dentro de diez o quince años, y preparar a los chicos y chicas que pueblan las aulas para esa sociedad. Cuando uno se asoma al fondo de la taza de café y lee el futuro en los posos, es difícil que no descubra que la sociedad en la que vivirán nuestros alumnos es una sociedad en la que se trabaja, se comunica, se divierte y se convive haciendo uso de las tecnologías. 

Por eso, la educación ha de ir por esos derroteros. Por eso estoy inmerso en el proyecto IPAD. Un proyecto apasionante.